Libros digitales: se abre la veda




Ya lo anunció hace pocos meses la consejera de Educación y Cultura del Gobierno de Extremadura, Trinidad Nogales. El modelo futurible de integración de las TICs dentro de las aulas extremeñas pasará por la santísima trinidad de pizarra, wifi y tabletas (por ese orden). Los acuerdos con Telefónica  y el maridaje con las editoriales del ramo están pendientes de un calendario que depende de los presupuestos, solo de eso. Puede tardar más o menos, pero el modelo es el que es. Las aulas de Primaria y Secundaria ya están casi todas dotadas de una pizarra digital, decisión que ha sido recibida con entusiasmo por el profesorado (analfabeto digital y no tanto), quienes por un lado se sienten aliviados por no seguir dependiendo del engorro de los portátiles y por otro interpretan la pizarra como un digno sucesor del proyector de diapositivas, solo que más vistoso e interactivo. La pizarra no trae un viraje metodológico; al contrario, se adapta a las mil maravillas al modelo tradicional de exposición audiovisual prediseñada, solo que esta vez permite que el alumno pueda usar el dedo índice y sentirse feliz al comprobar cómo un audio le motiva con un ¡bien, lo has hecho genial! La pizarra ofrece de cara a la galería una imagen de innovación educativa que puede convencer a ingenuos ciudadanos o a docentes que no buscan quebrarse mucho la cabeza y ven en este invento un eficaz prodigio que reduzca su esfuerzo y satisfaga su autoestima profesional. Todos contentos, para qué pedir más, ¿no creen?

Sin embargo, permítanme ser escéptico y pedir un esfuerzo extra a nuestra consejera, a sus asesores y también, por qué no, a mis compañeros docentes. Pongamos en suspensión por un momento nuestro entusiasmo tecnológico y centremos el asunto en cómo enseñar, no en los dispositivos, no en los contenidos. De hecho, ni siquiera en esto último nos hemos puesto a evaluar si son realmente útiles para la práctica docente. Los usamos porque son -permítanme la licencia popular- guais, mantienen al adolescente cautivado con el soporte que adorna el contenido. Sin embargo, encontrarán cientos de docentes, asesores, técnicos, consejeros, vendedores de gadgets, empresas tecnológicas que les recitarán con sonrisa profiden las potencialidades de estos nuevos cachivaches. Ya empieza a haber todo un conglomerado de agentes educativos que viven por y para las TICs (entre los que en parte me incluyo) y que parecen haber sustituido el anterior modelo pedagógico, más centrado en lo procedimental, en el aprendizaje significativo, por toda una religión sobre cómo hay que enseñar, que lleva aparejada al parecer la necesaria presentación de contenidos enlatados (píldoras los llaman ahora) para su degustación en pizarras digitales (y más tarde, en tabletas con wifi). El asesor formativo es hoy un experto en TICs, a menudo sin formación pedagógica, pero con la gracia de tener la moda a su favor, y sin rigor evaluativo de su labor docente. Hoy todos, o la mayoría, somos docentes modernos, digitalizados, y quien más o quien menos aplaude el salto hacia el uso de estos dispositivos, obviando por supuesto si este giro viene acompañado de la solidez de una reflexión sobre la metodología a utilizar. Ni siquiera los CPRs, quienes debieran ser garantes de esta formación, se ocupan de facilitar algo más que el manejo adecuado de los dispositivos que la Consejería previamente ha empotrado en el aula, sin complementos didácticos que lo fundamenten.

Hoy mismo he conocido el aperitivo de la famosa marca Digital-Text, sus recién cocinados libros digitales, en cuya web se puede degustar una primicia de sus materiales. Incluyen un vídeo en el que relatan sus virtudes milagrosas:



Como no me gusta opinar sin ver, los he probado y sinceramente me han decepcionado, incluso en algunos casos se percibe un acabado estético pobre y una interactividad reducida a cliquear y listo, previa lectura de unos temarios sencillos acompañados de imágenes animadas. Poco más. El acabado es similar a los ODIs de Constructor.

Pruebo, por ejemplo, éste:


Y al pinchar se abre esta ventana:


A la derecha tienes unos iconos que te permiten hacer ejercicios relacionados con los temas de la izquierda. Los ejercicios se pueden extraer en pdf e imprimir. Son todos tipo test, elige la respuesta correcta, relaciona términos, etcétera. Perfecto si no deseas complicarte la vida ni contextualizar o establecer niveles de comprensión. Lo mismo que ofrece un libro de texto, pero más vistoso. Los puedes poner en la pizarra y solucionar las tareas en grupo. Los textos explicativos son poco agradables a la vista, sin puntos y aparte ni colores, y con un lenguaje no muy bien adaptado al nivel de comprensión lectora y sin vocabulario auxiliar. Me recuerda mucho a las primeras enciclopedias digitales de Windows.



En de esperar que estos libros digitales mejoren sus servicios y contenidos, pero el formato es el que es, una réplica interactiva del modelo tradicional de presentación de contenidos. La interactividad existe entre el alumno y la tarea digital. No hay trabajo cooperativo ni construcción activa de contenidos. Al docente solo se le exige elegir la tarea, encender la pizarra y listo. El alumno solo debe adecuar la respuesta al grado de atención, asimilación y estudio de contenidos textuales previos. La única innovación está en el soporte; el contenido y su metodología se mantienen intactos.

La píldora digital es el átomo de comprensión al que se ajusta el modelo tecnológico de la Consejería de Educación de Extremadura, y por extensión del resto del territorio nacional. Cualquier amago de reajuste metodológico corre a cargo del libre albedrío, la voluntad y el tiempo extra del docente. La formación tecnológica del profesorado se limita al manejo técnico de dispositivos y herramientas digitales, sin adaptación metodológica ni previsión evaluativa. 

1 comentario:

joan sentis dijo...

- "la pizarra como un digno sucesor del proyector de diapositivas, solo que más vistoso e interactivo"

Nuevas herramientas para viejas metodologías.