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Crónica de Jornadas FEAE: propuestas educativas para un mundo distinto



He tenido el privilegio de asistir en Mérida (en el magnífico Centro Cultural Alcazaba) a las XXVI Jornadas Estatales del Fórum Europeo de Administradores de la Educación en calidad de #visualthinker, realizando las notas visuales de las ponencias, y también para presentar el proyecto #Dibújamelas. Antes de asistir a estas jornadas, desconocía la existencia de este foro, y mi primera impresión fue pensar que se trataba de un encuentro de inspectores y gestores de la administración educativa. Después me enteré de que realmente era un encuentro centrado en el debate de toda la comunidad educativa -para el próximo foro quizá debiera haber más presencia de padres y alumnos- acerca de aquellas cuestiones que nos preocupan e ilusionan, compartiendo incertidumbres y certezas. 



Día 1: viernes 7 de octubre

Después de las prescriptivas intervenciones de organizadores y autoridades, moneda de pago de todo encuentro de cierta relevancia, comenzó la conferencia marco, a cargo de Jurjo Torres Santomé. Un lujo oír a un profesor que desde su dilatada experiencia y más allá de los envites de la vida profesional, sigue manteniendo un espíritu crítico que ya le gustaría a algunos docentes menos talludos. Un discurso comprometido con un modelo educativo humanista, defendiendo el papel de las Letras y las Artes en el currículo, frente a un modelo hegemónico que convierte al alumno en un potencial operario y mercantiliza la enseñanza. Jurjo propone volver a las bases del oficio de enseñar, eliminando toda injerencia ajena al noble objetivo de aprender. Además de esto, tocó, aunque de pasada, retos urgentes como repensar el necesario equilibrio entre competencias y contenidos, huyendo de los extremos de convertir la enseñanza en mera memorización o vacuo ludismo. 

Algunos asistentes apuntaron a modo de leve crítica que Jurjo se volcó demasiado en la defensa de las Humanidades, sin  tener en cuenta el papel igualmente humanizador y ético de las Ciencias. También observaron una cierta querencia por la escuela pública que olvida el debate acerca de los retos de su relación con la concertada y la privada, un debate que sin embargo no obviaron los asistentes de la escuela catalana, más dispuestos a establecer sinergias que procuren un valor añadido. Cuestiones que se abordarían en los foros del Open Space durante la tarde. Estos aspectos no deslucieron en absoluto una conferencia que destiló optimismo y un amor honesto por esta profesión. Gracias, Jurjo.


Tras una pausa para tomar un café, alumnos de la Escuela Superior de Arte Dramático de Extremadura agitaron cuerpos y mentes, desgranando virutas de color por todo el recinto, al grito de ¡Arte, Literatura, Música...! y procesionando una performance que criticaba sin pudor una educación deshumanizadora.





Visita al Museo de Arte Romano, cañas, comida y café. Cargado el estómago, toca alimentar de nuevo las mentes. Open Space guiado por la mejor maestra de ceremonias posible, Nélida Zaitegui (un abrazo, Nélida; espero que te animes a desempolvar rotuladores). Método de trabajo: quien quiera, libremente, propone tema de debate, se anota en la agenda-panel y cada uno se une al debate que le apetezca, aportando su punto de vista. 


Pude participar en tres espacios y anotar visualmente algunas impresiones sobre temas tan importantes como el famoso debate sobre los deberes para casa, qué entendemos por innovación o cómo los espacios configuran nuestra forma de enseñar y aprender, y viceversa. En otras jornadas educativas a las que he asistido suele haber una cierta similitud en los enfoques y perspectivas sobre cuestiones que nos preocupan a los docentes, afortunadamente en éstas he podido disfrutar de posiciones y propuestas más diversas, lo que sin duda ha enriquecido el debate, te cuestionas certezas y compartes incertidumbres. Ha sido revelador constatar a viva voz las diferencias que existen entre la cultura de trabajo del profesorado y el desarrollo de la administración educativa de, por ejemplo, vascos y catalanes por un lado, y extremeños por otro. Un contraste que ensancha perspectivas y aporta ideas a tener en cuenta. Por cierto, un placer escuchar a los compañeros chilenos y el equipo tinerfeño.

Tras el debate, puesta en común. Sensaciones, emociones, ¿qué me llevo del día? Mañana más. Los que se quedan en Mérida, visita nocturna, cena y a descansar. El resto, a casa. Por hoy no está nada mal. 


Día 2: sábado 8 de octubre

Abre la mañana Jaume Carbonell Sebarroja. Desayuno de ideas potente. Heredero de Freinet, la Nueva Educación y del Movimiento de Renovación Pedagógica, Jaume, como Jurjo Torres, nos invita a volver a la esencia de este oficio, atreviéndonos a repensarlo, abandonando certezas asentadas, recordando que lo importante es el capìtal humano en el que se asienta: nuestros alumnos. Aboga por una educación que combine emoción y razón, no una sin la otra; competencias y contenidos, no uno sin el otro. Una educación desespecializada, inclusiva, que no entienda de edades ni áreas de estudio aisladas. Una educación que por proyectarse hacia el futuro no deje de inspirarse en los clásicos. Tomo nota, maestro. 


Tras un merecido descanso, toca mesa redonda. Alfonso Fernández, presidente nacional de FEAE, nos presenta a cuatro pesos pesados de la administración educativa, cada uno de una comunidad autónoma diferente: Ángel Felpeto, de Castilla la Mancha; Maite Alonso, de Euskadi; Xavier Chavarría, de Cataluña; y Rafael Rodríguez, de Extremadura. Cada uno desgrana los puntos fuertes de la gestión educativa de su contexto. 

De Ángel Felpeto destaco su defensa de un modelo de innovación basado en la auto creación de contenidos y no en libros de texto, la idea de que innovar es un acto colectivo en el que todos deben sumar, la necesidad de reactivar de una forma creativa los consejos escolares y la autonomía de los centros. 

Se quejaba Ángel de que la falta de compromiso presupuestario en su comunidad dificulta la innovación, una debilidad que afecta también a la consejería extremeña. Cabe decir, sin embargo, que el déficit presupuestario no debe ser excusa para repensar la administración de forma creativa. En Extremadura, por ejemplo, se condensó la ayuda europea a través de fondos destinados a la dotación TIC, pero sin tener en cuenta que tal dotación debía corresponder a un diseño integral, un proyecto holístico y no un parche que llenara de equipamientos los centros, sin saber hacia dónde dirigir la política educativa. Un error que se repite desde que entró el primer ordenador en un aula extremeña y que conduce no al modelo de auto creación de contenidos, sino a una reproducción del viejo modelo de libro-tarea-examen, solo que bajo la capa de aparente innovación que ofrece una interfaz digital. 

La intervención de Rafael Rodríguez, Secretario General de Educación de Extremadura, fue a mi juicio deficiente, y no creo que lo fuera por una falta de disposición, sino porque revela la débil consistencia de la política educativa extremeña (a día de hoy, mañana ya veremos). Se implementan planes y programas educativos de forma compartimentada, sin relación con otros escenarios de innovación. No existe un modelo a largo plazo que integren esos diferentes escenarios y agentes implicados; se parchea y aún pesa de forma inquietante la huella del intervencionismo ideológico (de ambos lados del espectro político) sobre la administración. De ahí que poner en contraste las políticas educativas vasca y catalana con la extremeña genere una sensación de triste indignación. Y no es una cuestión solo de presupuesto, sino de gestiones audaces, integrales, centradas en la eficacia educativa y no en vaivenes ajenos al trasunto educativo. Da la sensación de que la política educativa extremeña es un barco varado, a merced del viento, con timoneles pusilánimes y una tripulación perpleja y desmotivada. Y es una pena, porque hace más una década que se va forjando en Extremadura una generación de docentes innovadores, bien formados e interconectados en redes de aprendizaje mutuo mucho mejor integradas que la propia administración. Una pena desaprovechar ese capital humano con políticas educativas mediocres. Estaremos a la espera de qué hacen los nuevos gestores de nuestra consejería para paliar esta lacra que amenaza con ser endémica. Por cierto, señor Rafael, es recomendable no leer de corrillo durante una mesa redonda; afea su naturalidad y debilita la credibilidad de cara al respetable. 

Quedé gratamente sorprendido del nivel de compromiso, profesionalidad y claridad de ideas de los representantes de Euskadi y Cataluña. Daba la sensación de tener un plan curtido a base de mucho diálogo y firme convicción en líneas pedagógicas deseables, huyendo de la improvisación y el parcheo institucional. Un fértil maridaje entre la acción docente a pie de aula y el apoyo de las instituciones educativas, que por un lado ayudan, favorecen, acompañan, y por el otro incentivan, diseñan, otorgan un sentido y una dirección al proyecto educativo de su comunidad. 

Muchos de los asistentes aplaudieron cuando Xavier confesó ser Inspector Jefe no a dado, sino por méritos. Son elogiables ideas como la necesaria adaptación de las plantillas al perfil de innovación de cada centro educativo, o que hayan llegado a un estado en el que son los mismos padres los que demandas centros con un perfil innovador sólido. Lleva muchos años, esfuerzos, determinación, cambios en la cultura de trabajo de la administración y de los docentes, para conseguir este escenario social entre escuela y familia. 

No quedé tan convencido de la inclusión de empresas privadas en los modelos de evaluación externa de centro. Es a mi juicio más deseable que sea la propia administración educativa quien asuma ese rol, con apoyo de docentes y expertos acreditados, y siempre atendiendo al contexto cultural en el que se inserta la realidad educativa en Extremadura. Por citar un ejemplo, el plan extremeño de Competencias Clave sigue un modelo deductivo, que parte del conocimiento de la filosofía competencial, con el diseño de rúbricas y estándares, y termina en la acción directa en el aula y el aprendizaje de metodologías activas. Esta estrategia formativa favorece la conversión del proceso en una mera multiplicación de papeleo y una falsa percepción de estar innovando; el docente programa por competencias, pero trabaja en el aula sin cambios relevantes. Es fácil mentir a los papeles. Buena parte de los docentes extremeños que conozco copian las programaciones de las editoriales. Cambiar esta cultura de trabajo dudo que se procure con un modelo evaluativo externo que convierta al docente en administrativo o cronista de su rutina profesional. Como afirma Xavier Chavarría, "innovar no se impone", se disemina, abonando escenarios que favorezcan un ecosistema innovador.


Mañana intensa. Toca comer (en Casa Nano) y vuelta al tajo. Por la tarde, una coda de lujo: experiencias de innovación de la mano de docentes de Asturias (Dolores Pevida, ¡eres una crack! ¡Qué buen proyecto el tuyo con Laura Calvo), Castilla la Mancha, Andalucía (¡qué bien volver a ver a Manuel), Euskadi, Cataluña (Coral Regi y su Escuela Virolai nos hicieron soñar con que otra educación es posible) y Extremadura.


Después de dos días intensos de notas visuales, me tocó presentar el proyecto Dibújamelas. Todo un reto hacerlo en 20 minutos. ¿Solución? Un mini taller colaborativo de #visualcooking. Nos lo pasamos de miedo cocinando imágenes. 






A modo de cierre, toca repaso a las conclusiones del Open Space y de las ponencias, con mis notas visuales de fondo. Satisfecho de saber que han gustado y ayudado a visibilizar las ideas de las jornadas. Durante los dos días no he dejado de animar a los asistentes a sacar rotuladores y perder el miedo a dibujar y utilizarlo como herramienta educativa. Próximo encuentro de FEAE, en Valencia, octubre 2017. No sé si superará a este de Mérida, que ha contado con un equipo de lujo. 


Repensar la formación del profesorado




Supongo que recordaréis cómo era la formación del profesorado durante vuestros primeros años como docentes. En mi caso, arreciaban los años 90 y todo se reducía a un listado de cursos trimestrales, muchos de ellos ofrecidos por sindicatos e impartidos en su mayoría por profesores universitarios que no habían pisado nunca un aula y que ofrecían un modelo formativo poco práctico, meramente funcional; La acción tutorial, La programación de aula, y otros títulos por el estilo. Por supuesto, el sistema de compensación de formación a cambio de puntos para trienios y sexenios se mantuvo inalterable hasta nuestros días... y lo que te rondaré, morena. 

La irrupción de las Tics en educación provocó que los Cprs tuvieran que adaptarse a nuevas demandas, tanto porque la política educativa introdujo nuevos gadgets en el aula que requerían su dominio técnico y didáctico, como porque el uso de herramientas digitales contribuyó a un movimiento creciente de cambio metodológico, nacido desde abajo, a pie de aula, que requería un replanteamiento del modelo formativo que se estaba ofertando hasta entonces. 

Este cambio obligó por mera adaptación a los Cprs a apostar por cursos más prácticos, a modo de taller, y por una formación en centros, flexible y adaptada a las necesidades de los docentes y sus contextos educativos. Este cambio fue provocado, como sugiero más arriba, por la transformación de las formas de aprendizaje en alumnos que ya eran desde hace tiempo nativos digitales en entornos sociales que exigían una nueva forma de acceso al conocimiento y la comunicación. Las propias empresas punteras sugerían al sistema educativo repensar el rol alumno-profesor y los modelos de aprendizaje, para adaptarlos a las nuevas habilidades que exigen nuevos contextos laborales, y que pasan por subrayar capacidades como el liderazgo, el trabajo colaborativo, la resolución creativa de problemas,... Este cambio de paradigma generó hace una década un debate que aún persiste: la necesidad de sustituir o adaptar viejos modelos de enseñanza a este nuevo contexto. Más aún, la necesidad de cambiar el propio sistema educativo, su estructura y la organización de los centros, y por supuesto la formación del profesorado. Aún hoy nos encontramos en un estadio de debate interno, alimentado más por la voluntad de los docentes que la valentía de las políticas educativas. 

La irrupción de las Tics fue detonante del debate, pero algunos lo confundieron con la finalidad, como si las Tics fueran la tabla de salvación de la educación. Así, aún hoy, muchas políticas educativas confunden innovación con implantación tecnológica, obviando el aspecto más crucial: las metodologías de aula. Esta tictirización de la educación desvía el centro del debate hacia los medios y los contenidos, obviando cómo, cuándo, dónde, quién y porqué. En Extremadura, por citar un ejemplo que conozco, la política educativa ha mostrado mucho más interés por implantar un proyecto de innovación centrado en el uso de plataformas digitales que faciliten el uso de libros digitales, dispositivos móviles y pizarras digitales, que en pensar en un modelo formativo integral y sólido que facilite el cambio real en las aulas. Resulta inquietante que el Servicio de Formación del Profesorado haya sido fagocitado por el Servicio Tic en no pocas Comunidades Autónomas, subrayando en su agenda la implantación de dispositivos antes que programas audaces de formación que vayan más allá que el mero uso didáctico de las Tics. Además, este error ha provocado que muchos docentes rechacen el cambio metodológico por confundirlo con mera moda tecnológica o esnobismo insustancial.

Por otro lado, cabe pensar que dentro de este nuevo contexto tecnológico, social y también económico, la formación ya no puede concebirse ni como una mera acumulación de títulos, ni como un estadio superable. No sé si recordáis haber oído algo parecido a "ya eres funcionario; ahora te toca disfrutar y cobrar", pero ilustra bien una actitud que hoy no soportaría una crítica sensata. Ni los títulos te aseguran el dominio de ciertas habilidades necesarias para enseñar, ni puedes una vez aprobadas unas oposiciones pensar que ya estás preparado para superar los retos que exige ser docente sin reciclarte constantemente, más aún cuando el paradigma de aprendizaje de nuestros alumnos respecto al que nosotros, los docentes, aprendimos, ha cambiado sustancialmente, exigiéndonos una readaptación pedagógica en la que se requiere estar dispuesto a desaprender


¿Existe vida más allá de los Cprs? Sí, y mucha. Desde hace diez años viene dándose un fenómeno peculiar: La innovación educativa real, la que se construye a pie de aula, está siendo posible más allá de la formación del profesorado que ofertan los Cprs y a través de los cauces de comunicación y conocimiento que ofrece la red digital. Los docentes punteros en lo referente al cambio metodológico alimentan su trabajo a través de redes de intercambio digitales, verdaderas comunidades de aprendizaje interconectadas, horizontales, flexibles, sin tiempos marcados, basadas en el contagio emocional y en retos, colaborativas y cooperativas, que usan las Tics como medios y no fines, y que no se conforman con establecer sinergias a través de la red, sino también a través de encuentros presenciales en donde cargan pilas, dialogan, se contagian y diseñan proyectos entre ellos. 

Es más, este fenómeno está influyendo en la formación reglada; los Cprs empiezan a ver en estos modelos de aprendizaje del profesorado un formato eficaz. De hecho, es fácil asistir a cursos o jornadas formativas impartidas a modo de taller por esos mismos docentes innovadores que se reparten por toda España, tristemente de forma residual, sin calar en proyectos de centro que contagien a docentes no conversos. Ese es precisamente el reto, que la innovación educativa no sea fruto del voluntarismo de unos cuantos docentes creativos, sino que vaya modificando la organización de los centros en función de proyectos sólidos y vinculantes. La creación de un portafolio de centro, basado en proyectos que impliquen a todo el profesorado, es el reto a conseguir. Proyectos que requieren un equipo directivo que lidere esos cambios, y una administración educativa que los favorezca. Pero para esto hay que cambiar inercias fuertemente asentadas en las formas de trabajo de la política educativa, la inspección, los órganos de dirección de los centros, los Cprs y los propios docentes. 

A mi juicio, la política educativa debiera...

- Apostar de una vez por todas por la formación en centros, abandonando el clásico modelo formativo individual. La formación debe dejar de ser una aventura en solitario. En cada centro debiera existir una figura nueva, integrada en los equipos directivos, un agente formativo de centro (AFC), que fuera no un mero coordinador pasivo que recoja información, como hoy hace el representante del Cpr, ni un coordinador Tic que solucione problemas o asesore, sino un agente proactivo que anime, fomente y facilite la implantación de proyectos de centro, coordinado con el equipo directivo y apoyado por los Cpr locales y las Upes provinciales. 

-Centrar el núcleo de la formación en el contexto real de aprendizaje de cada centro, que la formación responda a un portafolio de centro (con proyectos innovadores basados en necesidades reales), al que el propio portafolio docente se debiera adaptar. Un docente que entra en un centro por primera vez debiera adaptarse a ese portafolio colectivo, que implica integrarse en proyectos y decisiones organizativas, de espacios y tiempos, pensados no tanto para satisfacer necesidades particulares sino necesidades educativas.

- Que cada docente se forme en su centro, pero también en red con otros centros con perfiles similares, generando sinergias de contagio que faciliten proyectos colaborativos intercentro y/o entre docentes. Redes no meramente formales, sino vivas, que se apoyen emocionalmente, se ayuden y provoquen nuevos cambios y aprendizajes en el profesorado. Una formación del profesorado debiera convertirse a largo plazo en una comunidad de aprendizaje.

- Que este portafolio de centro tenga en cuenta y trabaje en cooperación con asociaciones y organismos del barrio en el que se inserta, no solo abriendo el centro al barrio, sino que el centro se acerque al barrio, aportando a través de proyectos-servicio. 

- Dotar a este modelo formativo de un nuevo enfoque evaluativo. Hasta ahora (hablo en el contexto de mi Comunidad Autónoma), si un centro desea iniciar un proyecto de innovación, tan solo debe cumplimentar una serie de documentos rutinarios y poco más; no existe asesoramiento externo, ni un proceso de evaluación que asegure que los centros han llevado a cabo ese proyecto. Tampoco existe ninguna obligación de que ese proyecto de centro continue en el tiempo, que perdure y se integre en la dinámica educativa. Esto deja la eficacia de la innovación en manos de un voluntarismo azaroso. Es necesario integrar los proyectos de innovación en el portafolio de centro, consensuado por el claustro, liderado por el equipo directivo y animado por la citada figura del agente formativo de centro.

- Que la dotación de medios, la organización de espacios y tiempos, así como la política de concursos de traslado, se vertebre en función del portafolio de centro (y no necesidades particulares o la sola lógica de un horario bien cuadrado), de tal forma que la administración educativa no sea impedimento sino apoyo al cambio educativo. Por citar un ejemplo, la dotación de medios tecnológicos hasta ahora ha sido un verdadero disparate, basada más en la regla del pide, que es gratis, que en necesidades basadas en proyectos de centro mensurables y evaluables. Igualmente, un centro debiera poder disponer de una plantilla de docentes comprometidos con la línea de dirección de sus proyectos educativos. Si entras en un centro, debieras saber que allí se va a trabajar en determinados proyectos y con una organización concreta de horarios, medios y espacios. La toma de decisiones en un centro debiera adaptarse a los proyectos y no a meros cálculos de necesidades particulares o departamentales. De esta forma, la innovación tiene prioridad frente a la desidia o la puesta del automático por parte del profesorado. Este portafolio de centro debe ser dinámico, sometido a constante movimiento y autoevaluación. La formación de un centro no puede ser un archipiélago aislado, fugaz e inconsistente, sino que debe integrarse en el contexto de un proyecto de centro con vida propia y evaluable.

- Repensar el papel de los Cprs, las Upes y la inspección educativa en este nuevo modelo formativo. Es necesario que un organismo educativo -no tiene porqué ser el Cpr, podría integrarse en la figura de la Upe o en otra nueva- sea quien coordine, facilite y ayude al desarrollo de los portafolios de centro en materia formativa. En este sentido, la figura que recomendaba más arriba, el agente formativo de centro, puede ser un enlace dinámico con este organismo, que a su vez debe estar en coordinación con el Servicio de Formación del Profesorado, quien realmente se encargará de dotar a los centros de medios, espacios y una organización adaptada a las decisiones tomadas en sus portafolios. Este modelo formativo no es incompatible con una formación individualizada, que responda también a necesidades del portafolio de cada docente. Igualmente, es necesario que la administración facilite la conversión de esta red de portafolios en una comunidad de aprendizaje viva, centros y docentes formándose juntos, uniendo fuerzas, medios y proyectos.

La innovación educativa debe partir siempre de abajo, desde los propios centros y docentes, pero sin una estructura que la apoye y haga posible, el cambio educativo no dejará de ser fruto residual del voluntarismo de unos cuantos. Repensar la política educativa ayuda a propiciar este viraje, facilita que toda la estructura organizativa del sistema se ponga del lado del cambio, y no sea como en muchas ocasiones sucede un impedimento. Igualmente, manda un mensaje directo a los docentes que quieran seguir poniendo el automático, limitándose a vegetar en este oficio, motivando a que integren en los proyectos de su centro como parte esencial de su vida profesional. Por último, fomenta una cultura de trabajo colaborativa y activa, fuera del individualismo que caracteriza a nuestra profesión. 

Requiere una organización de centro que favorezca el debate y la toma de decisiones en plural, más allá del modelo caduco de departamentos, lastre heredado de la institución universitaria. Por supuesto, esto no es posible si no se establece un plan de formación destinado a que los agentes educativos encargados de desarrollar este modelo lo hagan unidos en torno al mismo lenguaje, filosofía de trabajo y agenda, empezando por los Jefes de Servicio, siguiendo por la Inspección y acabando por los directores de Cprs y Upes, así como los equipos directivos de los centros, motor de este cambio. Un equipo directivo no tiene como única función que un centro funcione; ésta solo condición a priori, pero no suficiente. Debe liderar proyectos de cambio, asegurando que la organización del centro se pone al servicio de ellos, y no del interés personal o inercias heredadas que impiden la mejora del aprendizaje y el desarrollo integral del alumnado. 

La formación del profesorado en Extremadura: propuestas de futuro





Competencia Digital Docente

El pasado 12 de junio se publicó en el DOE el Porfolio de Competencia Digital Docente de Extremadura. La intención a priori es homologar criterios dentro del Marco estratégico para la cooperación europea en el ámbito de la educación y la formación (ET2020). Centra su contenido en el desarrollo por parte de alumnos y docentes de una competencia digital acorde con las demandas del contexto social y las nuevas pedagogías de aula. 

Poco o nada se sabe del devenir futuro de este porfolio y mucho menos en qué medida supondrá responsabilidades vinculantes para el profesorado, más allá de su carácter heurístico. A esto hay que sumar el hecho de que la Consejería ha cambiado de color político y no sabemos aún qué modelo de futuro adoptarán, si continuista o no.

Por ahora solo cabe decir que servirá como:

- Instrumento para evaluar la situación del docente con respecto a unos estándares establecidos, como ya sucede con los idiomas extranjeros. Distingue 6 niveles:

Usuario Principiante: A1 y A2
Usuario Medio: B1 y B2
Usuario Avanzado y Experto: C1 y C2

- Criterio para elegir dentro de la oferta formativa los cursos y actividades que se ajusten a su nivel y necesidad. Los docentes podrán configurar (¿voluntariamente?) un itinerario formativo en su uso de las TIC y en la mejora de su competencia digital.

Hasta aquí parece que el porfolio tiene solo un carácter demarcador del nivel de competencia digital del docente, a fin de que éste pueda elegir un itinerario formativo coherente con el mismo. "Guía orientativa", lo define el DOE en su página 22964.

Se establecen 5 áreas competenciales cuya naturaleza se explicita y detalla a lo largo del DOE:

1. Información: identificar, localizar, recuperar, almacenar, organizar y analizar la información digital, evaluando su finalidad y relevancia. 

2. Comunicación: comunicar en entornos digitales, compartir recursos a través de herramientas en línea, conectar y colaborar con otros a través de herramientas digitales, interactuar y participar en comunidades y redes; ¿conciencia intercultural?

3. Creación de contenido: Crear y editar contenidos nuevos, integrar y reelaborar conocimientos y contenidos previos, realizar producciones artísticas, contenidos multimedia y programación informática, saber aplicar los derechos de propiedad intelectual y las licencias de uso. 

4. Seguridad: protección personal, protección de datos, protección de la identidad digital, uso de seguridad, uso seguro y sostenible. 

5. Resolución de problemas: identificar necesidades y recursos digitales, tomar decisiones a la hora de elegir la herramienta digital apropiada, acorde a la finalidad o necesidad, resolver problemas conceptuales a través de medios digitales, resolver problemas técnicos, uso creativo de la tecnología (¿se referirá a las metodologías activas y colaborativas?; lo dudo), actualizar la competencia propia y la de otros.

El Anexo VI contiene una tabla que servirá de test-marco para la evaluación de la competencia digital. Se divide por bloques y niveles, y se limita a pedir que indiques SÍ o NO.


Algunas críticas constructivas

1. Cabe decir inicialmente que los ítems que deben rellenar los docentes requieren en muchos casos una mayor especificación y flexibilidad. Por ejemplo, "colaboro con mis aportaciones personales en repositorios de Recursos Educativos Abiertos (REA) con el fin de ponerlos a disposición de la comunidad educativa". Un docente puede colaborar con muchos otros repositorios, crear redes docentes abiertas desde la que aprender. No se puede corporativizar un porfolio, sino dejarle aire con el que respirar, a fin de que cada docente encuentre su propio PLE.

Por otro lado, el cuestionario utiliza el tiempo verbal presente, como si un docente durante el curso en el que rellena el test pudiera utilizar todas las herramientas que se indican. Más bien debiera usarse "ha utilizado alguna vez" o abrir el campo de respuesta a diferentes frecuencias de uso (casi siempre, a menudo, varias veces, alguna vez, nunca); esto ayudaría a determinar el perfil docente del encuestado. Un docente innovador puede utilizar alguno de estos recursos solo una vez o con asiduidad, dependiendo de su Entorno personal de Aprendizaje (PLE). Este porfolio debiera acompañarse de otros instrumentos de evaluación de competencia que determinen con cierta precisión el perfil personalizado del docente en materia TIC. Para ello no se debe tratar la competencia digital aislada de su contexto de aprendizaje y del PLE del docente. Abordar esta competencia simplemente como testado a grosso modo del uso de determinados recursos y herramientas es insuficiente. Una definición más flexible y personalizada de la competencia TIC pasa por determinar el PLE en constate movimiento de cada docente


Además, se aborda la competencia TIC como algo individual, aislado de un contexto socializado de aprendizaje. Este proyecto de porfolio es poco ambicioso y nada sistémico. No se inserta dentro de una visión de conjunto del proceso formativo del docente. Reproduce el modelo tradicional de formación individualizada y mediada por órganos de formación estandarizados. El reto es potenciar la formación en centros y en redes de docentes intercentro, así como articular la formación dentro de la base metodológica de aula que le da sentido y dirección.


2. Imaginen que decido realizar el test de competencia digital. Se supone que el nivel obtenido servirá para que los siguientes cursos formativos a los que asista y que tengan como contenido la adquisición de una competencia digital correspondan a un nivel superior al conseguido. El porfolio se supone que sirve de criterio de demarcación de nivel a la hora de diseñar cursos formativos. Es previsible que, por ejemplo, el CPR proponga a partir de este criterio cursos con niveles determinados (B1, B2,...). Permite que los docentes se formen de forma escalonada. Es cierto que hasta ahora en numerosos cursos convivían niveles competenciales diversos, provocando que el docente con mayor nivel se aburra o el de menor nivel no aprenda. 

Se supone también que la adquisición de un nivel estará supeditara a la superación de cursos previamente determinados por el Servicio de Formación del Profesorado. Y que estos niveles se limitan a determinar las competencias TIC del docente. En ningún caso se destaca la relación entre esta competencia y la adquisición de conocimientos y prácticas en metodologías de aula activas y colaborativas, ni proyectos de innovación en centro. 

Un docente que supere el C1 o C2 no tiene por qué saber cómo diseñar, por ejemplo, proyectos colaborativos. Tan solo tendrá conocimientos en TICs, que después aplicará de la forma que estime oportuna en su aula. Una formación TIC por sí sola no capacita para innovar. Es aquí donde a mi juicio reside el gran defecto de este porfolio, su disociación de la metodología de aula; más aún, el subrayado de la competencia TIC por encima de la práctica real de metodologías de aula. Tiene que ver con lo que viene siendo una tendencia enquistada en la política educativa en Extremadura: una tictirización de la pedagogía. El modelo de innovación en Extremadura pasa por subrayar el papel protagonista de los gadgets tecnológicos y de los contenidos digitales cocinados en un entorno de aprendizaje corporativo (eScholarium). Prima la adquisición de conocimientos digitales más que el núcleo del problema: el cambio gradual y vinculante, a pie de aula, del modelo metodológico. Se viene a decir: sí, innova, usa nuevas metodologías si quieres, pero pasa por eScholarium y la 'santísima trinidad' del Plan Estratégico 2013-2020, PDI-portátil-libro digital, todo ello con su Wifi correspondiente. La revolución metodológica (esa que llena la boca de consejeros y gurús en jornadas y foros educativos), por lo que parece vendrá dada por ciencia infusa. Se comienza la casa por el tejado. Se visualiza políticamente la dotación TIC, con un programa vendible políticamente ante los medios, pero sin incidir en una estructura formativa que asegure el cambio metodológico en las aulas. 



3. El propio modelo de competencias básicas adolece de un carácter deductivista que lo ahoga, es decir, basa su filosofía en un modelo de arriba abajo, desde un marco teórico hasta el trabajo real en el aula, cuando en realidad debiera ser inductivo, desde el aula hasta los papeles. El actual Plan de Formación en Competencias Clave parte del control de un procedimiento de evaluación y su consecuente papeleo de rúbricas -estrategia que desanima a los docentes y quizá les convenza de que no merece la pena trabajar por competencias- en vez de comenzar la casa por abajo, desde la situación real del profesorado y experiencias de aula que animen y generen sinergias ilusionantes en los centros. Para hablar de competencias primero hay que hablar de la realidad que se vive en los centros, de las necesidades a pie de aula, compartir incertidumbres e ideas y desde ahí provocar pequeños cambios metodológicos; solo al final del proceso debe entrar en juego el asunto de las rúbricas y la programación.

Muchos docentes y centros puede que no se adhieran a este tránsito de contenidos a competencias porque

- es voluntario (nadie me lo exige); 
- multiplica el papeleo (¿más trabajo?, ¡no, gracias!); 
- no es atractivo (no me anima a cambiar);
- no responde a necesidades reales (¿crear rúbricas?, ¿modificar mi programación?, yo lo que quiero es ver ejemplos reales de trabajo en el aula).

Para llegar a trabajar por competencias primero hay que acometer otras preguntas: ¿cómo enseño en el aula?, ¿cómo evalúo? Respondiendo con valentía a estas preguntas el resto se da solo. Por eso, el Plan de Formación en Competencias Clave debe partir de la voluntad previa de los centros de elaborar un diseño de proyecto de centro, con una sencilla declaración de intenciones basta: ¿qué centro quiero construir?, ¿qué demandas observo para que mi centro mejore?, ¿qué me gustaría mejorar en mi intervención en el aula? Y además de esto, que la administración facilite un modelo de apoyo y evaluación a los centros para desarrollar ese proyecto, continuarlo en el tiempo y compartirlo a través de un red viva de contagio intercentros.

Centrar el modelo de formación de una comunidad autónoma en la competencia digital es un error mayúsculo. Se confía ingenuamente en que la herramienta hace al carpintero.

4. Sería inquietante que la Consejería de Educación solo pensara utilizar este porfolio digital para facilitar una formación personalizada en materia TIC. Primero, porque este porfolio no puede en ningún caso, tal y como está diseñado por ahora, determinar el perfil formativo de un docente; a lo sumo determina qué recursos y herramientas digitales conoce y sabe utilizar. Es erróneo y peligroso asociar competencia digital con calidad formativa. La competencia digital es un elemento más dentro de las muchas que completan un perfil docente. Solo un programa formativo integral y sistémico puede consumar ese reto, que integre la competencia digital dentro de la adopción de metodologías de aula activas y colaborativas, en contextos de aprendizaje vivos, dinámicos, interactivos.


No lo sabemos, pero en el caso de que fuera así estaríamos ante un inquietante escenario: que la competencia digital testada a través de estos cuestionarios estandarizados defina la dotación de medios, los proyectos de innovación y el sello de calidad de los centros.



Un par de propuestas

1. Desde hace muchos años se viene ninguneando la figura del Coordinador TIC, dejado a su libre albedrío, sin formación ni apoyo institucional. De hecho, a día de hoy muchos Coordinadores TIC son docentes a los que les faltan horas que rellenar. A mí, por ejemplo, me evaluó como Coordinador TIC un inspector que apenas sabía encender un ordenador. Vino a mi clase como el señor obispo, asintiendo con la cabeza y poco más. Tras esto, nada más supe de él ni he tenido noticias de un plan de formación, coordinación o seguimiento evaluativo de mi labor como Coordinador TIC de mi centro. Tan solo relleno una programación y una memoria cada curso y listo. El resto es solo fruto de mi voluntad e ingenio. 

Sin embargo, el Coordinador TIC es a día de hoy el cargo educativo que mejor ejemplifica la necesaria mediación entre un modelo formativo (dinámico y contextualizado) y la intervención en las aulas. La conversión del Coordinador TIC en lo que podríamos llamar un Agente Formativo en Centro (AFC) ayudaría enormemente a que los cambios metodológicos tuvieran lugar, más allá de la capa y pintura que aporta una competencia digital estandarizada. Ahora bien, estos agentes formativos deben estar apoyados por un plan de formación periódico y una coordinación general, evaluados eficazmente, fomentando la formación contextualizada en los propios centros y la creación de redes formativas intercentro. 

Este modelo de formación descentraliza el papel protagonista de las TIC para ampliar su núcleo de acción al plano metodológico. Las TIC son solo herramientas que facilitan el uso de esas metodologías, no al revés.  El Coordinador TIC, bajo este prisma, deja de ser una especie de enreda o gurú tecnológico, desprotegido por la administración y kamikaze, para convertirse en un agente formativo de proximidad, un mediador y facilitador de programas de innovación en su centro. A su vez, estos agentes debidamente formados y coordinados pueden crear una red eficaz de enseñanza-aprendizaje, favoreciendo el trabajo colaborativo entre centros. Para ello es esencial que esta figura formara parte oficial de los equipos directivos, ya que serían detonantes y coordinadores de los proyectos de centro, e igualmente reduciría esfuerzos y recursos si esta figura fuera al mismo tiempo representante de su centro en el CPR de su zona, con el que se coordinarían, evitando duplicidades y permitiendo que los CPRs se centren en una formación más específica. Hoy por hoy, el representante de centro en el CPR es una figura pasiva, meramente receptiva, que traspasa información, no un agente activo y participativo que propicie cambios en su centro y facilite sinergias.

Todos los AFC trabajarían en redes colaborativas y serían protagonistas de su propia formación a través de un programa anual de jornadas y miniMOOCs donde todos formen a todos. Esta forma de trabajo en red y colaborativa es la que después dinamizarían en sus centros. Es importante que la forma de aprender de los AFC sirva de estrategia posterior en los programas de formación e innovación en sus propios centros. 


Ahora bien, convertir el Coordinador TIC en un Agente Formativo en Centro supone no reducir el plan de formación del profesorado en una mera sucursal del servicio extremeño de innovación tecnológica. El objetivo central es propiciar cambios significativos en la metodología y la evaluación del docente a pie de aula y bajo un entorno activo y colaborativo. Un docente que aprende colaborativamente enseña de la misma forma.


Por último, este modelo deslocaliza el grueso de la formación del profesorado de los CPRs a los centros de trabajo y dota al sistema de una red de mediadores de formación que facilita de manera eficaz la transición metodológica del profesorado y una evaluación que trasciende el carácter administrativo para convertirse en aprendizaje real entre docentes.

2. Falta desde la Administración educativa un cambio en el modelo no solo formativo sino también evaluativo. Formación y evaluación debieran empezar por la propia política educativa. Existen técnicos de la Consejería y también docentes que exoneran a la administración educativa de responsabilidad en lo referente a la dirección que debe tomar la formación y la innovación en la región; debe seguir siendo una cuestión de voluntad del profesorado, afirman. No se puede obligar, dicen. Pero sin embargo, lo que no dicen es que ya están implicándose en esa dirección, ya están desarrollando políticas verticales (sin contar con el profesorado que innova) y vinculantes (que afectan a la intervención en el aula). 

Véase el caso de eScholarium y el Plan Estratégico 2013-2020. Es incierto que no existan políticas educativas que lleven implícita una forma de entender la educación. Se están dando y hay que evaluarlas desde fuera de forma crítica y constructiva, incidiendo en el objetivo final: determinar si suponen un modelo innovador eficiente desde un punto de vista didáctico. Últimamente encontramos a múltiples editoriales que defienden con fervor en revistas especializadas, foros y centros educativos las bondades del sistema TIC de enseñanza, mediado por una PDI y libros digitales interactivos. Conviene tener en cuenta el carácter crematístico de estos mensajes y evaluar de forma seria sus efectos en la intervención directa en el aula.


Pero centrémonos de nuevo en el asunto de la evaluación. Las programaciones y memorias (oficiales) de los docentes no se adaptan a un modelo de intervención por competencias porque en la vida diaria a pie de aula no se adoptan metodologías activas y colaborativas, no se trabaja por proyectos, sino a golpe de temario. Así de sencillo. Por supuesto que debe existir una reflexión a título personal; cada docente debe asumir su gramo de responsabilidad en este asunto. Pero centrémonos en la responsabilidad de la Consejería y sus servicio técnico. Centrar la terapia en una ingente dotación TIC yerra profundamente la médula del problema.

Cada vez parece más clara la necesidad de consensuar un modelo sistémico de formación del profesorado que apueste por la formación en centros, a través de la coordinación de Agentes Formativos de Centro (antiguos Coordinadores TIC) es un buen comienzo, pero sin un sistema de evaluación continuado y eficaz caeríamos en los mismos errores del pasado. El reto es crear un modelo de evaluación de proyectos docentes y de proyectos de centro que no sea prescriptivo, que se base en la experiencia real de aula. Una evaluación flexible, abierta y colaborativa. Ahí es donde entran en juego las redes docentes, centro del cambio metodológico.

Incluso para los docentes innovadores es un reto evaluar por proyectos. Centrar los esfuerzos en facilitar la programación y la evaluación desde esos principios metodológicos es esencial. Necesitamos un proceso de aclimatación metodológica que culmine en el diseño de programaciones y memorias de aula coherentes con ese cambio, pero no al revés. 

El llamado porfolio de aula puede sustituir a lo que antes llamábamos unidades didácticas. La actual programación inicial, a principios de curso, es general y carente de relevancia didáctica. Sin embargo, programar durante el curso no en base a contenidos o temario, sino proyectos de aula, facilita la transición hacia metodologías activas y colaborativas. Facilita una formación cercana y contextualizada, con ayuda de los AFC, adoptando un modelo evaluativo acorde con esos aprendizajes metodológicos. 

Un porfolio de aula podría tener tres momentos: 

- Uno previo, a modo de diseño de un proyecto determinado.

- Otro posterior, una vez acabado el proyecto, que describa el proceso y aporte materiales de trabajo y rúbricas de evaluación detalladas (ejemplo).
- Y uno final, que sería el porfolio anual de aula (lo que ahora llamamos 'memoria de área').

Estos porfolios no debieran ser meramente documentos oficiales, entregados a los inspectores de turno, sino materiales colaborativos, difundidos a través de redes de docentes. Una intervención en el aula de la que aprendamos todos. Socializar el aprendizaje dinámico del docente en contextos colaborativos es el reto a seguir. Esto supone cambiar el modelo de evaluación de cada docente, sino también el oficial, los documentos a entregar (obsérvese el carácter administrativo y no didáctico del verbo) a la inspección educativa.

En este sentido, los AFC serían de gran ayuda, tanto para orientar en el diseño de los porfolios como a la hora de facilitar una comunidad de aprendizaje entre docentes intercentro.


Es necesario dotar de vida propia a las viejas programaciones y memorias prescriptivas, convirtiéndolas en porfolios de aula dinámicos, que reflejen la actividad cotidiana del docente. Porfolios que agrupados en el tiempo den forma al PLE del docente. Porfolios que sean abiertos, compartidos y colaborativos, base de comunidades de aprendizaje entre docentes. Aquí entra en escena otra vez la figura del Agente Formativo de Centro.


Ahora bien, todos estos cambios educativos no se pueden llevar a cabo si la propia administración educativa no empieza a adoptar una estructura organizativa que se vertebre de forma colaborativa, sin perder por ello su orden de roles y sus funciones. Por citar un ejemplo, la función de los CPRs a la luz de los nuevos modelos metodológicos debe ser revisada. El espacio privilegiado de formación debe ser el propio centro, en cooperación constante con otros centros. Y la formación y dotación TIC debiera estar ligada a porfolios de aula y proyectos de centro, así como evaluada durante y después de cada periodo formativo. Los CPRs pasaría así a ser facilitadores y evaluadores de procesos formativos continuos, o meros expendedores de cursos para obtener sexenios.

Crónica de unas jornadas (y algo más)




No hace mucho asistí a la II Jornada Regional Conectado y Seguro. Estos encuentros son una excelente ocasión no solo para aprender unos de otros, sino también para compartir un rato de convivencia entre compañeros, debatiendo y recargando pilas con la ilusión que transmite cada uno con sus proyectos. Allí estaban Martín Núñez (@martinnunez), Pedro Márquez (@fisqui), Ana Cobos (@anacobosm), María Calvo (@MariaCalvoFer),  Silvia González (@silgoncha), Juan Ramón Clemente (@juanracb), Carmen Ruiz (@CarmenRuizRepul), Manuel García (@manueljgarciap) y muchos más con los que disfruté y de los que aprendí. A algunos de ellos por fin los tuve delante, en carne y hueso; es habitual en estos encuentros romper la barrera de lo virtual y tener el placer de vernos cara a cara y compartir un rato agradable entre colegas que acostumbramos viajar por el ciberespacio educativo. 

Esta vez no solo fui en calidad de asistente; Francisco López (@cogitere) me animó a participar con una breve pero intensa presentación que titulé Palabrejeando: Proyectos colaborativos en red. La idea era presentar un proyecto colaborativo que coordiné el curso pasado y que tuvo bastante acogida, pero mi intención fue más que otra cosa motivar ilusión y ganas por cambiar nuestras formas de dar clase, lo que llamé salir de la zona de confort




Terminé la jornada con más convicción si cabe de que el camino a seguir es profundizar en la creación de redes entre docentes y entre alumnos, redes de aprendizaje y enseñanza que descentralicen la escuela y la abran al barrio, a la ciudad, al mundo. Redes que permitan a los docentes aprender juntos, cambiar juntos, y que ese giro metodológico lo apliquen de forma colaborativa en sus aulas. Fue muy motivador ver las ganas e ilusión que existen en muchos docentes extremeños, toda una generación con voluntad de aprender y transmitirlo



Pero volvamos a la jornada. ¿De qué iba? Pues se trata de una segunda parte de la primera celebrada el curso pasado, que tenían como intención primordial presentar un proyecto de la Consejería de Educación encaminado a promover el conocimiento de las redes sociales, sus posibilidades y peligros, así como animar al profesorado a diseñar actividades de aula a través del proyecto No te calles. En esta segunda jornada se ha publicado una guía que se repartirá por los centros y se han presentado experiencias de aula cuyo telón de fondo sean las redes sociales.

Mi sensación es que cuando jornadas como éstas vienen organizadas desde arriba, pese a disponer de muchos medios, pierden su naturalidad, obviando que la necesidad parta del contexto de cada docente. Creo que es más útil contar con los docentes para diseñarlas, reunir experiencias, darles apoyo y seguimiento, que el objetivo sea más la continuidad de los proyectos dentro de los centros que la presentación vistosa de programas organizados por la Consejería para después ser mostrados de forma pasiva al resto de mortales. De hecho, si hay unas terceras jornadas sería ideal que fuesen eminentemente prácticas y basadas en experiencias de aula ponderables y sencillas, compartibles y con potencial para que crezcan de forma colaborativa. Si miran el programa de la jornada (aquí), verán que las ponencias principales son externas y teóricas, impartidas por expertos traídos de fuera, de ponencias atractivas, sí (las disfruté, ese no es el problema), pero dejando que las experiencias prácticas de los docentes sean un aperitivo auxiliar. 

Invito a los que organizan las jornadas que el próximo curso se centren en experiencias de aula y talleres prácticos sobre redes sociales. Esto permitiría que los asistentes se impliquen emocional y profesionalmente en ellas, que no solo sean oyentes, sino parte de las mismas, regresando a sus centros con ideas, sinergias, retos, incluso proyectos realizables. Esa es la dirección que demandan los docentes. Que no te vayas de las jornadas solo con unas charlas bajo el brazo, sino con energía, ilusión, ideas que compartir, proyectos que realizar con otros docentes.


Por otro lado, me gustaría hablar de la Guía para el buen uso de las TIC que han editado para que los centros la difundan entre la comunidad educativa. Quisiera poner un ejemplo para ilustrar mi posición al respecto. Durante los años 90, el enfoque pedagógico en la lucha contra las drogas era hablar directamente de ellas, de sus efectos nocivos, hasta que una década después, evaluando la efectividad de este enfoque, se dieron cuenta que no solo no reducía el consumo, sino que animaba al mismo. Fue entonces cuando se cambió el modelo de prevención, centrándolo en las habilidades sociales, lo que hoy se llama inteligencia emocional. 

Pues bien, esta guía y parte de las intervenciones durante la jornada subrayaban el enfoque punitivo y normativo, centrado en resaltar los riesgos del uso de las redes sociales, más que un enfoque emocional y conductual, con el objetivo de situar el problema dentro de los contextos reales en los que se inserta, facilitando el conocimiento de las herramientas TIC e incidiendo en los factores sociales y emocionales de su uso. La citada guía creo sinceramente que carga las tintas en exceso en ese primer enfoque, remarcando lo negativo y provocando más miedo que conocimiento y confianza entre la comunidad educativa. Me imagino dar así, a pelo, la guía a los padres. De primera, la mayoría no la leerá. Hay mucha letra y poco gráfico. Otros la ojearán y se encontrarán con que el 80% del contenido se centra en los riesgos. ¿Cuál será la reacción de los padres o los docentes? ¿Facilitará el conocimiento de las redes sociales? ¿Les dará herramientas de trabajo para abordar el asunto en la escuela? ¿Se animarán los docentes a trascender el modelo normativo-punitivo vigente en los centros para generar espacios de conocimiento y convivencia sana con las redes sociales? Me temo que no. Es más bien una guía en caso de peligro, un manual de socorro, pero no una guía educativa

Por esta razón unas jornadas como éstas necesitan del complemento del debate y la experiencia real en las aulas. Es necesario aprovechar encuentros como éstos para poner sobre la mesa, sin miedo y con creatividad, temas que afectan directamente al día a día de los centros en materia TIC, más concretamente en relación al uso de redes sociales y dispositivos móviles. Se echó en falta docentes hablando entre sí sobre sus prácticas diarias en esta materia y experiencias de aula que hagan uso de estas herramientas, descubriendo su potencial didáctico, su uso sano en contextos colaborativos y la reflexión entre iguales.

Hoy por hoy las emociones más comunes entre los docentes son el miedo y la desconfianza, basadas esencialmente en el desconocimiento y en la falta de uso educativo de estas herramientas. Es lógico que en los centros, ante esto, decidan antes tirar por la vía directa y despreocupada de la tolerancia cero y el no uso educativo de móviles y demás gadgets, que iniciar planes de integración de estas herramientas dentro de la convivencia sana y el debate plural entre alumnos y entre docentes. Por eso es de vital importancia centrar como docentes nuestros esfuerzos en conocer eficazmente las redes sociales y después aplicarlas en contextos controlados dentro de nuestras metodologías de aula. La jornada en Mérida careció de ese enfoque creativo y constructivo; entiéndase mi crítica, insisto, disfruté del día, pero es necesario madurar y hacer crecer estas jornadas, acercarlas a la realidad directa en las aulas y potenciar proyectos colaborativos posteriores entre docentes y/o centros. Hago una llamada de atención a Paco López para que vaya pensando en ello de cara al próximo curso

Por lo demás, en lo que a mí respecta, me encantó la ponencia de José Antonio Luengo (@jaluengolatorre) -divertida e inteligente- y, por supuesto, repetir experiencia con la que ya es nuestra amiga andaluza, Carmen Ruiz (@CarmenRuizRepul), que nos acercó sin tapujos lo que realmente piensan los alumnos sobre sexo, cómo usan las redes sociales y qué influencia tienen sobre sus estereotipos culturales. Fue un placer, y encima nos reímos; dos por uno. Además de esto, estos encuentros nos permiten ir haciendo amistades en el camino, creando lazos, ligando intereses y proyectos. Surgen ideas para desarrollar entre docentes, abrimos la mente a nuevas perspectivas. De pronto, alguien nos da una idea o nos sugiere trabajar juntos en un proyecto. Ampliamos la red de colaboraciones. Ese es el gran reto que hay que cultivar. Salir juntos de la zona de confort. Juntos podemos.

Un abrazo a los que estuvisteis en la jornada. Y a los que no, os animo a buscar espacios de convergencia, de diálogo, de creación colectiva de experiencias educativas. 

#saliendodelazonadeconfort