El Magisterio no es una profesión, es una forma de vida

Cristóbal Antonio García Fernández

Maestro, así le gusta que le llamen. Artesano de lo suyo, siempre aprendiendo, Cristóbal deja hace siete años su colegio de La Garrovilla para embarcarse en la tarea de dirigir el CPR de Mérida. Pero reducir a Cristóbal a mero gestor de recursos sería quedarse corto e injusto. Más allá de las obligaciones de su cargo, Cristóbal transmite una cercanía, una empatía que anima a arrimarse y compartir experiencias, a mejorar en lo nuestro. En este artículo nos cuenta qué es lo que le mueve e ilusiona. Su alegría nos motiva.


Es algo que me enseñaron allá por el año 1982 cuatros maestros encantadores de un pueblecito cercano a Mérida. Desde entonces, a gala, mantengo esa enseña en mi espíritu que me ha llevado desde las aulas, repleta de alumnado inquieto, ávido de aprender y de disfrutar de su existencia, a ese otro espacio docente que es tratar con esos locos bajitos que superaron la treintena y que se dicen y se sienten docentes. 

Desde el año 2008 mi vida, por motivos más personales que profesionales, me llevó, por enésima vez, a asumir otro nuevo reto. Dejé las aulas, el alumnado, el compromiso con todo un pueblo adquirido a lo largo de dieciochos años, mi práctica docente… y caí en la tentación de trocarlo por un puesto que todos piensan que es un cementerio de elefantes al que llegan ya en postreras circunstancias ciertos enchufados para languidecer en sus últimos años de docenciaAllí me encuentro un grupo humano tremendo y la posibilidad de observar la docencia desde otro lugar del prisma que la contiene… Coordinar la “formación de formadores”. Servir de eslabón, para lo bueno y lo malo, entre la Administración y los administrados docentes. ¡Reto aceptado! Después de todo voy a tratar con esos amigos con los que he convivido durante más de treinta años de docencia… 

¡Já! 

Aprendo que no es lo mismo ser compañero-amigo que jefe y debo ganarlos para la causa volviendo a ser el primero en llegar, el último en marchar, en acortar distancias, en… resumidas cuentas, ganarme su respeto lo cual, una vez conseguido, hace que mi labor sea más diáfana, más enriquecedora, más… ¿os hablaron alguna vez de la distancia de la Administración?, ¿del desapego del docente ante las incursiones en sus aulas?, ¿de la soledad del cuadro intermedio al estar de colchón entre unos y otros? 

¡Quién dijo miedo! El reto era maravilloso, la oportunidad inmejorable, el lugar el oportuno la actitud la precisa, el reto era asumible y la posibilidad de lograr buenos resultados alta. Pasé de tener por tercer hijo al colegio de La Garrovilla a tener mi primer nieto: el C.P.R. de Mérida. Solamente era cuestión de echarle ganas y horas, pues ya contaba con el apoyo incondicional de otros locos como yo que miraban la formación como un elemento indispensable en la labor docente, que no íbamos a enseñar nada nuevo a nadie, que íbamos a lograr colmar sus pequeños deseos, que conseguiríamos animarlos en su labor diaria. 

Las dificultades se van superando cuando te acompaña un buen equipo de trabajo, que posibilitan que ser director sea más fácil, y cuando a quien diriges tu trabajo es a un colectivo muy potente, el de la docencia, ilusionado y trabajador y con unas miras de futuros que nadie es capaz de soslayar, aunque sí de enmascarar y que nos de sensación de tumbos. 

Existe futuro en los Centros de Profesores y de Recursos de Extremadura, pues muchos de nosotros ya remachamos mucho en las dos últimas palabras que se estaban olvidando: “de Recursos”, y también estamos reforzando, con ayuda del colectivo al que va destinado, otro aspecto importante: estamos en el Servicio de Innovación y Formación del Profesorado, y es en ese aspecto de “Innovación” en el que la demanda es más pujante, más fuerte y en la que estamos aplicando la mayoría de nuestro esfuerzo informativo y formativo. 

Me digo a mí mismo que no estoy ni chamuscado, que hace seis años volví a retomar la ilusión en mi trabajo, que el contacto entre iguales enriquece mi escasa sabiduría, que poner mi granito de arena en animar, apoyar, ilusionar a los docentes es traernos el futuro al presente cercano… en deciros a todos que no hay trabajo más importante que otro, que no debemos ser islas inconexas sino archipiélago con fuertes puentes y que la educación es de todos, pero sobre todo de los docentes que día a día llevan a efecto el acto de enseñanza-aprendizaje, que olvidan los recortes, las presiones, las incomprensiones y vuelven a darse cuenta que está en sus propias manos llevar a buen fin este proceso. 

Por eso me siento plenamente contento con el puesto y la labor que desempeño pues pongo mi granito en el proceso intentando reforzar su ilusión, animando sus proyectos, buscando la ayuda y financiación necesarias, que sigan avanzando en sus proyectos… facilitarles en lo posible su labor como personas y como docentes y llenar mi ego cuando veo a más de 200 docentes llenar un Salón de Actos en una actuación formativa. 

En julio de 2013 en la contraportada de La Gaceta me preguntaban por mi labor y por los Centros de Profesores. Sigo igual de ilusionado en mi tarea