Redes sociales y competencia digital



Acabo de leer un extracto de Es complicado. La vida social de los adolescentes, de Danah Boyd, investigadora de Microsoft y profesora de Harvard (descarga del libro, en inglés), en la que ofrece algunas claves sobre el uso, peligros y potencial de las redes sociales entre los jóvenes estadounidenses. Es evidente que existen factores culturales a tener en cuenta que diferencian a los adolescentes españoles de los estadounidenses, así como un contexto digital de acceso a las herramientas que difiere bastante del nuestro. Pero puede servir de detonante heurístico para reflexionar sobre la realidad de nuestros alumnos y nuestra intervención sobre ella en el ámbito de la escuela.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que el uso que hacen de la red nuestros adolescentes es exclusivamente comunicativo, ligado a necesidades propias de su edad. Existen tres usos esenciales de la red:

a) Como instrumento de ocio y divertimento.
b) Como fuente de acceso a información y conocimiento.
c) Como forma de comunicación y relación sociales.

Nuestros alumnos la utilizan como acceso al ecosistema social entre iguales. En nuestra generación, la del profesorado, el canal de comunicación estaba menos mediado por la tecnología, reducido al uso tradicional del teléfono (el de casa o el de cabina) o fuentes arcaicas como la carta postal o el boca a boca.  Para ser tenido en cuenta debías integrarte en la agenda del grupo, pero ésta se vehiculaba a través de herramientas rudimentarias, que exigían aún del contacto directo como forma de socialización. Hoy, nuestros alumnos tienen iguales necesidades, pero cambia el medio, el vehículo sobre el que estructuran sus relaciones sociales. Y este vehículo condiciona sus relaciones y activa nuevos peligros y virtualidades de los que el modelo tradicional carecía. Condenar a priori o bendecir acríticamente las redes sociales es tan irracional como estéril. Padres y educadores tenemos el reto de ayudar a nuestros hijos y alumnos a canalizar de forma útil, crítica, creativa y sin riesgos el acceso a estos medios de comunicación. Prohibirlos o demonizarlos viene a ser como achicar un naufragio con un vaso de agua.

El impacto que las redes sociales tienen sobre las relaciones sociales no afecta solo a los adolescentes; los adultos también han reconfigurado su vida social a través de la mediación tecnológica. El Whatsapp sustituye a la conversación cara a cara y al teléfono; y no es raro contemplar cómo no pocos adultos se comportan de forma cuestionable en ciertos contextos sociales, como un cine o una charla entre amigos, donde el móvil sustituye la conversación y lo banal se duplica, haciendo imposible una relación medianamente profunda. La competencia digital de un docente no difiere en demasía de la de un alumno. El docente medio utiliza las TICs básicamente para comunicarse con otros adultos (cada vez más sin diferenciar contextos ni niveles de profundidad emocional) o como medio de ocio o diversión. El uso como herramienta de información se reduce a la lectura rápida y recortada de prensa digital. Y solo utiliza las TICs como medio de formación profesional cuando lo exigen los cursos en los que se inscribe. El adulto docente no solo no es nativo digital sino que hace un uso escaso y reducido de las nuevas tecnologías. Este perfil es cada vez más común, teniendo en cuenta que cada vez son más los docentes que pertenecen a generaciones nativas. En una década, el profesorado que nació sin estas nuevas tecnologías será minoría. Adoptar un modelo de formación eficaz y adaptado a los contextos reales de enseñanza es esencial, ya que el docente no aprende por ciencia infusa o generación espontánea.

Respecto al alumnado, el perfil no difiere mucho. Se introducen en las TICs a través del móvil, limitándose a herramientas que amplíen sus redes sociales. Comparten el interés de sus padres por Whatsapp, y lo complementan con Instagram para compartir su diario audiovisual. Apenas llaman directamente desde sus dispositivos móviles. No leen prensa ni consultan webs, pero sí ven vídeos de Youtube, y algunos suben los suyos. Por supuesto, ya no usan el teléfono de casa y apenas televisión desde los televisores; incluso el visionado de audiovisuales a través de sus ordenadores de sobremesa o portátiles es cada vez más escaso, siendo sustituido por el uso de los móviles.

No utilizan paquetes ofimáticos a no ser que el profesorado se lo exija. Su alfabetización digital es escasa fuera de este microcosmos tecnológico. Leen poco y cuando lo hacen no utilizan e-readers o leen desde sus ordenadores; se limitan a la lectura en papel de los libros requeridos por los docentes. Apenas hay alumnos que tengan blog propio o colectivo. 

Respecto a la escritura a través de dispositivos digitales, es escueta, fragmentada, fugaz, pensada para una conversación que tiene valor directo, instantáneo, práctico. Sin profundizar en aspectos emocionales de mayor calado (este es uno de los efectos perversos más graves de esta tendencia). Cada vez cala más la relación in-out, es decir, quedar físicamente, pero no hablar directamente, sino a través del móvil, expandiendo el grupo a los ausentes. Los temas de conversación sobre temas tecnológicos son habituales, así como el comentario sobre los contenidos subidos o visionados durante la semana.

Aunque saben utilizar con eficacia social las herramientas digitales, no son conscientes del impacto, a largo plazo y en la distancia, que puede tener su uso sobre terceros o sobre ellos mismos. Véase el caso de la subida de fotos en las que aparecen otras personas de su entorno, compartidas con todos, sin filtros de privacidad. O la viralización de conversaciones privadas, con efectos emocionales que acaban afectando sus relaciones sociales. El adolescente aprende rápido cuando está motivado, pero su preparación emocional es exigua y su previsión del riesgo a largo plazo casi inexistente; no sabe cómo prever y encarar los conflictos que genera el uso de estas herramientas. Es ahí donde entra el papel limitado, pero esencial, de padres y docentes. Que los contextos sociales en los que se hace uso de las redes sociales en la familia y en la escuela sirva de entrenamiento para la vida cotidiana. Crear entornos digitales saludables es más aconsejable que blindar la escuela contra los peligros de las redes sociales. Un reto difícil (de ahí que no pocos docentes acaben tomando el camino más cómodo), pero necesario.

Por otro lado, es responsabilidad del docente animar al alumno a descubrir la red como un instrumento de acceso al conocimiento y de comunicación compartida de los mismos, más allá del reclamo social de la red como circo mediático o feria lúdica. 


Cuando el docente utiliza las TICs como herramienta didáctica les atrae y en su mayoría las prefiere al método tradicional, pero siempre que sean fáciles de usar y faciliten el trabajo. Dada la escasa competencia digital de los alumnos, el docente debe dedicar bastante tiempo a que dominen los entornos de aprendizaje digitales, se familiaricen con las herramientas y sepan maximizar su uso en el contexto educativo. Una vez aprendidos, son muchas las ventajas. Por otro lado, el docente no solo debe formarse en el manejo básico de estas herramientas, sino también (esto es lo importante) en su aplicación metodológica. Esto exige un cambio de modelo didáctico, reaclimarse, lo que a menudo resulta difícil de asumir y lento de adoptar. Ambos, docentes y alumnos se encuentran generacionalmente en un estadio de reaprendizaje digital, de transición a un nuevo modelo al que no se han acostumbrado del todo y que a menudo repelen y evitan, unos por miedo o acomodo, otros por no querer asumir el reto de reaprender. No es del todo cierto que el alumno, a causa de que sea nativo digital, resulte más competente a la hora de utilizar las TICs. 

Docentes y alumnos aprendemos y enseñamos; es esencial concebir la escuela como un laboratorio colaborativo en constante movimiento, abierto y permeable al contexto social en el que se inserta. Se mejora con mayor eficacia la competencia digital de los docentes cuando el aprendizaje se inserta dentro de la vida profesional, de los contextos reales de enseñanza. Y cuando estos aprendizajes se socializan, se utilizan de forma colaborativa, tanto entre docentes y escuelas, con los alumnos o entre alumnos. El modelo de formación del CPR está caduco y debiera replantearse, reduciendo su aplicación a formatos formativos específicos, que la escuela no pueda asumir por sí sola, o que dada su complejidad, requieran ser impartidos en sus sedes. Para el resto, la formación en centros e intercentro es el modelo de futuro.  

3 comentarios:

Margarita Tortosa dijo...

Ramón, es muy interesante y muy importante este reto para padres, docentes, alumnos...para toda LA TRIBU, todos tenemos que adquirir la competencia digital, supongo que será cuestión de tiempo (cada vez menos afortunadamente), de cambiar el chip, de necesidad (yo conozco compañeros que entraron a la plataforma de educarm cuando no recibían las nóminas en papel, y ya no se les olvidó la contraseña y el usuario), de evolucionar, queramos o no, estamos TODOS inmersos en un proceso de adaptación al entorno digital, hacemos ya muchas gestiones a través de internet (oficiales y oficiosas), estamos rodeados de dispositivos, a la fuerza iremos unos y otros aprendiendo y adaptándonos. Tenemos que aprender a convivir con las nuevas tecnologías y no negar la evidencia, aprovechad las ventajas y enseñar a nuestros menores del mal uso de las mismas, es otro gota más en la educación, ¿o no nos pasamos la vida educando en TODO a nuestros hijos y alumnos? "Ten cuidado, no hagas, no digas, lee, aprende inglés, haz deporte, las compañías..." Esto de que los jóvenes no leen "cosas serias", que no son conscientes de lo que aportan a las redes sociales, de esa despreocupación....es inherente a la adolescencia. ¿Quién con 15 años está preocupado por una factura, una hipoteca, o por la gestión de una casa? yo con su edad no, oía lo mismo, y hacía lo mismo que ellos, esa revolución hormonal te mantiene en otra dimensión de la que se bajaran por desgracia con el tiempo como nos ha pasado a todos. Nuestra responsabilidad en lo digital en lo analógico y en lo humano es estar siempre pendientes de ellos o no?
Eso de que todo tiempo pasado fue mejor, no es verdad, tener acceso a cualquier tipo de información en cualquier lugar y en cualquier momento es insuperable. Ellos disfrutan de esa oportunidad y antes no existía. Yo creo que es al revés, yo estaría preocupada si un adolescente no coquetea con las redes sociales...
Le preguntaron a Enrique Rojas Marcos (psiquiatra) en qué época le hubiera gustado vivir, y sin dudarlo dijo que en LA ACTUAL, y yo me apunto, con sus luces y sus sombras, sus excesos y sus defectos, a mi esta era digital ¡ME ENCANTA!. Me gusta eso de demuestra que no eres un robot jajaj. Bss desde Murcia.

Unknown dijo...

Completamente ee acuerdo con tu reflexión. La labor de la alfabetización digital tanto en docentes como en alumnos, en nativos como inmigrantes es una cuestión de mentalidad y actitud. Yo prefiero el par visitante vs residente porque muchas veces nos enfrentamos a nativos que efectivamente tienen habilidades en el uso de las herramientas sin embargo, le dan un uso muy parecido al del inmigrante. Pienso que la labor hay que hacerla desde las escuelas pero involucrando a las familias. Ahora mismo la barrera más fuerte está en la mentalidad de muchos docentes. "lo he hecho siempre así y lo han aprendido", creo que también hay cierto apoltronamiento. Ojalá me equivoque.

VPA dijo...

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